Cuándo poner la manta al caballo y cuándo dejarlo sin ella

Un caballo sano y sin esquilar aguanta mucho más frío que su dueño. Qué dicen los estudios y las guías de bienestar sobre el esquilado, la edad, el refugio, la lluvia y el viento, y por qué abrigar de más es un riesgo por sí mismo.

Mostafa Zamani7 min de lectura

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Mantas para caballos de distintos grosores colgadas sobre una barandilla de madera con escarcha en el patio empedrado de una cuadra con la primera luz, y a la derecha un caballo castaño asomado sobre la puerta de un box, con el vaho de su aliento visible en el aire frío.

Llega la primera noche fría del otoño, media cuadra lleva ya una manta de relleno medio y tú estás delante del box con la tuya colgada del brazo, preguntándote si tu caballo será el único que pase frío. Saber cuándo poner la manta al caballo depende mucho menos del termómetro que del animal que tienes delante: su pelo, su edad, su estado de carnes, el refugio del que dispone y si está mojado.

Este texto es para quien pasa su primer otoño con caballo propio. Una advertencia: no hemos encontrado ninguna fuente nacional española sobre mantas, así que casi todo lo que sigue viene de fuera, y lo decimos en cada caso.

Tu caballo no tiene frío solo porque tú lo tengas

El instituto francés del caballo, el IFCE, lo explica en su ficha sobre cómo se adaptan los caballos al frío. Una persona vestida está cómoda entre unos 18 y 24 °C. Un caballo sin esquilar, en clima templado, lo está aproximadamente entre 5 y 25 °C, y la temperatura por debajo de la cual un adulto sano necesita ayuda, en forma de más alimento y un refugio, ronda los -15 °C.

Verás otras cifras, y conviene saber por qué. Una revisión de 2020 firmada por investigadores noruegos explica que ese límite no es un valor fijo: depende de la edad, la raza, el pelo, la alimentación, la condición corporal y la aclimatación, y cada cifra solo vale para los caballos en los que se midió. Un estudio encontró 5 °C en trotones alojados a entre 15 y 20 °C; otro, -15 °C en Quarter Horses aclimatados al invierno. Ninguna de esas mediciones se hizo en España.

La lluvia y el viento pesan más que el termómetro

El mismo grupo noruego enseñó a 23 caballos a tocar uno de tres símbolos para pedir que les pusieran la manta, que se la quitaran o que los dejaran como estaban. Según recoge la revisión, por debajo de -10 °C eligieron llevarla en el 80 al 90 % de las pruebas y por encima de 20 °C prefirieron quitársela en todas. A 10 °C con buen tiempo solo el 5 % de los que no la llevaban pidió una. Un día de 6 °C con lluvia y viento fuerte la quisieron todos los caballos evaluados.

Son 23 caballos de un solo país, y Noruega no es España. Tampoco demuestra el estudio que la manta les moleste: de media prefirieron conservarla en el 66,2 % de las pruebas. Lo que muestra es que la elección sigue al tiempo que hace. La guía de invierno de la Universidad de Minnesota, en Estados Unidos, da el motivo: bastan 0,1 pulgadas de lluvia, unos 2,5 mm, para causar estrés por frío al apelmazar el pelo.

Por eso la primera pregunta en una tarde fría no es la temperatura, sino si el caballo puede ponerse a cubierto. La revisión considera el refugio una solución más flexible que la manta, y la manta un complemento útil con mal tiempo.

Cuándo poner la manta al caballo: los que sí la necesitan

La guía de Minnesota enumera los casos en que la manta hace falta, y la lista habla del caballo, no del calendario:

  • no hay refugio en la suelta y la temperatura o la sensación térmica bajan de 5 °F (-15 °C)
  • es probable que el caballo se moje con lluvia, hielo o lluvia helada
  • se le ha esquilado el pelo de invierno
  • es muy joven o muy viejo
  • no está aclimatado al frío
  • su condición corporal es de tres o menos

El código oficial de bienestar equino de Inglaterra coincide: muchas razas rústicas viven fuera todo el año sin manta, mientras que los caballos menos rústicos, los esquilados y los de edad avanzada pueden necesitarla con tiempo frío y húmedo. La British Horse Society añade las razas de pelo fino, como el pura sangre inglés y el árabe, y los caballos delgados o enfermos.

Esquilar es la decisión que resuelve casi todo. El IFCE sitúa el límite inferior de un caballo esquilado más cerca de 5 °C que de -15 °C y considera entonces necesaria la manta, así que quien esquila se compromete a abrigar todo el invierno.

Lo que no ve una tabla de temperaturas

En otoño circulan por todas partes las tablas que emparejan grados con gramos de relleno. Una de las más compartidas en el Reino Unido la publica la asociación británica del comercio ecuestre, con una nota que dice que se reproduce con permiso de una empresa de productos ecuestres. Eso no la invalida, pero la convierte en una tabla sobre productos, y ninguna tabla ve si tu caballo está esquilado ni si tiene un seto tras el que resguardarse.

Tampoco hay una cifra oficial. Buscamos en el Ministerio de Agricultura y en la Real Federación Hípica Española y no encontramos nada sobre mantas. Lo más cercano en español es la guía de buenas prácticas de bienestar de los caballos de la plataforma de la UE sobre bienestar animal, que es voluntaria y no una norma. No da ninguna temperatura: dice que las mantas deben «ser de un tipo que corresponda a la temperatura ambiente» y que «la manta afecta a la termorregulación natural del caballo, por lo que debe considerarse si un caballo realmente la necesita».

Quien más se acerca es la British Horse Society: muchos caballos siguen cómodos sin manta hasta que la temperatura baja de 5 °C, y solo conviene añadir relleno cuando el caballo da señales de frío.

La evidencia detrás de los gramos de relleno es escasa. En el único experimento que cita la revisión, cuatro caballos pasaron una hora fuera a -23 °C. La temperatura superficial sobre los riñones fue después de 26,8 °C bajo una manta sin relleno, 30,3 °C con 200 g y 31,5 °C con 400 g, frente a 22,3 °C sin manta, y la diferencia entre las dos mantas con relleno no fue significativa. Cuatro caballos en un día helado no son una tabla.

Abrigar de más también es un problema de bienestar

Un caballo puede apartarse del viento. No puede quitarse la manta cuando sale el sol a las once, y en un país con más sol y menos hielo que Noruega conviene tomarse ese riesgo tan en serio como el frío. El IFCE advierte de que una manta, aunque solo sea impermeable, por encima de 20 °C plantearía el problema contrario, una hipertermia. La revisión noruega añade que una manta puesta al sol puede estorbar la forma en que el caballo se deshace del calor.

Tampoco sirve de sombrilla. La revisión resume un estudio australiano con caballos atados dos horas a pleno sol por encima de 25 °C, cuyos autores concluyeron que una manta de color claro no sustituye a la sombra. La guía europea coincide: las mantas de verano protegen algo de los insectos, pero no del calor.

El código inglés pide retirar las mantas de exterior cuando el tiempo mejora. La British Horse Society enumera las señales de calor: sudor bajo la manta, respiración agitada, apatía o irritabilidad, rascarse a menudo y piel caliente y húmeda. Su comprobación es meter la mano bajo la manta por detrás de la cruz: el caballo debe notarse templado y seco.

Hay otro coste. La sociedad británica señala que el invierno es cuando un caballo con sobrepeso puede adelgazar de forma natural, y que abrigar y alimentar de más puede aumentar el riesgo de sobrepeso e infosura; es un consejo, no un efecto medido.

Una rutina para el primer otoño

Mira al caballo antes que al parte meteorológico. Los temblores, la cola pegada al cuerpo y la búsqueda de refugio están entre las señales de frío que da la British Horse Society. Antes de pasar a una manta más gruesa, comprueba que tiene heno suficiente, porque la fermentación de la fibra produce calor. Si pones manta, no lo hagas sobre un caballo mojado, quítasela con regularidad para ver el cuerpo que hay debajo, a ser posible cada día como pide el código inglés, y ten una de repuesto para que la empapada pueda secarse.

Nada de esto sustituye a tu veterinario: si un caballo delgado, enfermo o anciano puede pasar el invierno fuera es una pregunta para quien lo ha explorado.

Dónde entramos nosotros

Hoofine no puede decirte si tu caballo tiene frío. Sí puede ponerte en contacto con quienes merece la pena preguntar: los veterinarios equinos del directorio para el caballo viejo o delgado, y las guarnicionerías para una manta que se mide sobre el caballo en vez de elegirse por una tabla. Si estás buscando cuadra, los anuncios de pupilaje son el sitio para preguntar por el refugio del prado y por quién cambia las mantas, que a menudo es un extra, como explica el artículo sobre qué incluye de verdad el pupilaje. Las mantas son una línea del presupuesto que el artículo sobre cuánto cuesta mantener un caballo al mes desglosa entero.

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